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Javier Cercas defendió la semana pasada en el Palacio de La Magdalena que el Periodismo no es una disciplina en la que acaben (obligatoriamente) los fracasados, los inútiles o los mediocres, aunque reconoció lo mucho que le extraña siempre la escasa autoestima de los periodistas.

Una nula autoestima que para el escritor lleva a muchos a considerar que su trabajo solo sirve para envolver pescado, al tiempo que se combina en demasiadas ocasiones con una soberbia implícita en la profesión que acaba por demostrarse en un desprecio evidente hacia sus lectores, sus oyentes o sus espectadores.

Soy crítico con los libros de autoayuda, así que el problema de la autoestima lo vamos a dejar para otro día. Eso sí, nada mejor para acabar con la soberbia de un periodista que trabajar en un gabinete de prensa o en una agencia de noticias.

Tus textos serán examinados con lupa por otros compañeros, el más mínimo desliz será tomado como una falta grave y tienes que cambiar tus adjetivos por el repertorio de verbos más concreto y eficaz. A cambio no te espera más reconocimiento que el del trabajo bien hecho, que no es poco en estos tiempos. Tu firma y tu estilo desaparece. Tu reputación pasa a ser la de la institución a la que representas.

Es una tarea complicada pero interesante que, en mi caso, me está proporcionando experiencias y conocimientos muy válidos para el futuro. Otro punto de vista y nuevos terrenos profesionales sin explotar que merece la pena conocer.

Además de todo esto, mi nuevo trabajo en la UIMP es uno de los motivos por los que este blog no se actualiza con más frecuencia. La otra causa es bastante más simple, más banal. En verano, a todos nos gusta disfrutar del tiempo libre.

De todas formas, que nadie se asuste. En el primer aniversario de Ideas Efímeras, 85 artículos, 219 comentarios, 16 categorías y 517 etiquetas después, el proyecto y el mundo de la web 2.0 me tiene igual de atrapado que el primer día.

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Ayer se cumplió un mes desde que escribí mi último artículo en Ideas Efímeras. Si no me equivoco, es el periodo más largo sin actualizar este blog y me muero de remordimientos.

No ha sido una decisión premeditada. Me he pasado todos los días por aquí, aunque sin la motivación suficiente como para lanzarme a opinar sobre los temas que me interesan. Y todo esto, sorprendentemente, en un momento en el que sobran cuestiones a las que dedicar mi tiempo.

Me sigue interesando la política, aunque no me he ocupado del fin de la campaña electoral y de los no tan sorprendentes resultados en las elecciones autonómicas y municipales del pasado 22 de mayo. Me podría haber ocupado de las “primarias” del PSOE o de la llegada al poder en Cantabria de Ignacio Diego.

Un poco más farragoso pero también interesante hubiera sido comentar la situación de Grecia, un país acosado por la Unión Europea y por un Fondo Monetario Internacional que ha tenido que cambiar de director gerente porque, supuestamente, el “socialista” francés Dominique Strauss Kahn no supo “controlar sus impulsos”.

Las movilizaciones ciudadanas que se han producido en España desde el 15-M y que se siguen extendiendo cuentan con mi simpatía y con mi apoyo, de momento, incondicional.

Me preocupa el Racing de Santander, he disfrutado con el sexto Roland Garros para Rafa Nadal y con el segundo Giro de Italia para Alberto Contador. Reconozco que la cuarta Champions League para el Barcelona de Guardiona me motiva un poco menos.

Música, cine, televisión o redes sociales. Ni la mal llamada crisis de los pepinos me ha hecho saltar del sillón para salir de mi ostracismo.

Y lo hago hoy, en la jornada en la que se conoce al nuevo Ejecutivo autonómico de la tierruca y en la que se celebra el Debate sobre el Estado de la Nación porque estoy HARTO de una nueva “moda”. Me he cansado de oír hablar de la maldita austeridad.

Y es que esta palabra se ha impuesto en el vocabulario actual. Ahora todo es austero: las tomas de posesión, los gobiernos, las medidas económicas, los discursos, el catering… Hablan tanto de la austeridad que han desgastado el término, lo han vaciado de contenido y se ha convertido en un concepto absolutamente estéril.

Para la RAE, ser austero significa “ajustarse a las normas de la moral, ser sobrio, sencillo y sin ninguna clase de alardes”, pero también en el diccionario leemos que la austeridad es “una mortificación de los sentidos y de las pasiones, algo agrio,  áspero al gusto, mortificado y penitente”.

Que no nos engañen. La buena administración de los recursos públicos es una obligación para la clase política. Encontrar las soluciones a nuestros problemas y no generarnos más de los que ya tenemos es su trabajo.

No podemos pagar sus errores.

Faltan poco más de 24 horas para que acabe la campaña electoral más mediocre que recuerdo. A falta de dinero que comprometer en promesas, los partidos políticos hegemónicos han demostrado también una ausencia total de proyecto. En el peor momento, la clase política se ha quedado sin ideas.

Por suerte, la sociedad no ha dicho todavía su última palabra. La movilización ciudadana que se ha producido a partir de la manifestación del pasado 15 de mayo exigiendo ‘Democracia Real Ya’, y que tiene a los descontentos, a los cabreados, a los indignados, a los parados, a los estudiantes, a los jubilados, a los pensionistas, a los desahuciados, a los hombres y mujeres de nuestro país tomando las calles y las plazas públicas, supone un cambio radical en nuestro panorama.

Por fin protestamos. Exigimos responsabilidades. Gritamos contra las injusticias. Tanto hablar de la primavera árabe, y mira tú por dónde: Tenemos nuestra propia revolución.

Los políticos de uno y otro partido no lo ven, no lo entienden. Los medios de comunicación van a rebufo. Les hemos estropeado sus magníficos informativos dedicados a la propaganda electoral. Los tertulianos dicen una tontería más grande a cada minuto que pasa.

Acusan al movimiento que ha surgido estos días de falta de propuestas. Se vuelven a equivocar una vez más pero, yo pregunto: ¿Qué medidas han tomado los ayuntamientos, las comunidades autónomas, el Gobierno central, la Unión Europea, el Fondo Monetario Internacional o el G-20? ¡Cómo no vamos a estar cabreados!

No se dan cuenta de que esto no tiene nada que ver con sus elecciones. Quieren que nos vayamos a casa, a reflexionar, castigados. Eso sí, quieren que el domingo vayamos todos a las urnas a cumplir con “nuestro deber como ciudadanos”.

Y nuestro deber como ciudadanos está ahora en la calle. Que no nos engañen, que no se aprovechen. Estamos haciendo historia y lo saben. Tal vez no seamos demasiados todavía, tal vez estemos desorganizados, tal vez se nos vaya de las manos, pero hay que intentarlo. Ahora o nunca.


Primero trataron de silenciarnos, de minimizar nuestro impacto. Luego nos trataron con condescendencia. Ahora, asustados, quieren prohibirnos.

La Junta Electoral Central dirá misa. A mi me da igual. Si quiero salir a la calle y hablar con mis amigos, lo haré. Si quiero protestar, también. Es sintomático que consideren que la petición del voto responsable a que se hace referencia en las concentraciones pueda afectar en la campaña electoral. Opinan que influye en la libertad del derecho de los ciudadanos al ejercicio del voto.

Recuerdo que se trata de concentraciones pacíficas. Nos toman por tontos. No se pueden publicar encuestas en la última semana, cualquier acto es propenso a ser anulado por “parcial”, y ahora, no quieren que nos reunamos. La Constitución sirve de poco en estos casos.

Yo propongo a la Junta Electoral Central que establezca quince  jornadas de reflexión y un día de campaña, para variar. Los mítines están llenos de convencidos que rinden pleitesía a sus líderes, que se rompen las manos a aplaudir y que vuelven a casa con el merchandising de su partido favorito. Menos mítines, mayor austeridad. ¿No se trataba de eso?

Las propuestas, el debate y la política están en la calle. Y hasta que no lo entiendan, seguiremos ahí, protestando.

DÍA MUNDIAL DE INTERNET

La FAPE llama a editores y periodistas a fomentar la participación en la Red bajo criterios éticos y deontológicos


 La pluralidad, la veracidad, la objetividad y la independencia son robustas muletas en las deben apoyarse los medios sea cual sea su soporte: papel, audiovisual y online.

La organización reclama, una vez más, la aprobación de una Ley de Transparencia y Acceso a la Información Pública acorde con lo países más avanzados, también en lo digital.

Con motivo de la celebración del Día Mundial de Internet, este 17 de mayo, la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE) insta a los medios de comunicación a fomentar la participación en la Red bajo criterios éticos y deontológicos,  sobre todo en lo que se refiere al respeto a la imagen y el honor de las personas.

La FAPE extiende este llamamiento a los ciudadanos, en general, y a los políticos, en particular, ya que hemos recibido denuncias de periodistas cuya tarea está siendo atacada por candidatos electorales mediante campañas en las redes sociales.

Este lamentable comportamiento se hace insoportable en el caso de ataques vejatorios a compañeras amparados en el anonimato. La cobardía moral y personal de quienes promueven estas campañas plantea serias dudas sobre qué tipo de representantes van a ser elegidos y cuál es su nivel de compromiso con la democracia.

Contenidos y participación

El futuro son los contenidos, pero esos contenidos necesitan periodistas que cumplan escrupulosamente los principios éticos y deontológicos de su profesión y que alejen de ella, con su comportamiento, a los que caen en el amarillismo, el servilismo o el escándalo interesado, según reflejaba el Manifiesto de Pamplona, aprobado por la Asamblea General de la FAPE el 9 de abril pasado.

La FAPE defiende la participación del lector, el intercambio de opiniones, que considera que es muy saludable en cuanto a la democratización de la información, dando posibilidad al lector de interactuar y acabando así con la posición monolítica del medio y de quien escribe.

Sin embargo, esta organización constata que, bajo el paraguas de esa inocente interacción, los medios de comunicación digitales vienen amparando opiniones anónimas o con seudónimos de lectores que en ocasiones dañan la imagen o el honor de terceros, quedando totalmente impunes, incluso a cambio de conseguir más visitas.

Mientras que los medios de comunicación han sido extraordinariamente escrupulosos a la hora de publicar lo que se ha denominado tradicionalmente Cartas al director, solicitando los datos de quienes las escriben, desde nombre y apellidos, hasta DNI, domicilio y teléfono, generalmente vienen manteniendo un comportamiento bastante permisivo en cuanto a la difusión de estos comentarios, a veces automáticos, sin pararse a recoger los datos del comunicante y, sobre todo, sin comprobarlos.

Es cierto que dominar la velocidad que proporciona la técnica es imposible pero, si resulta complejo identificar a todos los lectores que realizan comentarios y no es posible ni lograr un correo electrónico fiable, al menos deberían de moderarse antes de su publicación, para que no salieran a la luz informaciones que pudieran estar dañando derechos de otros ciudadanos.

Esta participación no sólo se lleva a cabo en los comentarios que se incluyen debajo de algunas noticias u opiniones sino que también se está extendiendo a las redes sociales donde los medios trasladan sus debates para, de forma legítima, obtener más lectores en la Red. Ahí también se registra a veces cierta anormalidad, aunque menor que en los comentarios, por la existencia de perfiles falsos de los intervinientes o suplantaciones de personalidad.

Ética digital

Como subrayaba el Manifiesto de Pamplona, los medios digitales no necesitan inventar otra ética, ya que ésta no depende de los soportes o de modelos nuevos. La pluralidad, la veracidad, la objetividad y la independencia son robustas muletas en las que se apoya la ética, ya sea para los medios escritos como para los audiovisuales y digitales. La honestidad en el manejo de los datos, el rigor, la búsqueda de la verdad, el respeto a la intimidad y al honor de las personas tiene que abrigarnos siempre.

Los mismos casos se dan en el llamado “periodismo ciudadano”, concepto que engloba denuncias o quejas de vecinos que, para convertirse en información, requieren del filtro periodístico, siempre riguroso y contrastado. En más de una ocasión, estos comentarios se han revelado como opiniones con intención de perjudicar a terceros.

Esta organización recuerda a los ciudadanos que la libertad de expresión excluye la libertad de insultar, humillar o difamar, por lo que deben de saber que también son responsables de lo que escriben, incluso de manera anónima o con seudónimo.

Estrategia común

La FAPE anima a los profesionales a que aprovechen las oportunidades de la Red y a que se mantengan constantemente formados para este y otros retos del futuro inmediato. Internet representa también una excelente fuente de trabajo pese a que, durante su proceso de asentamiento, se haya tambaleado el modelo de negocio de los medios. Esas son las ventajas e inconvenientes de ser los protagonistas del cambio, como el que supuso la llegada de la imprenta hace ya seis siglos.

Esta  realidad necesita de procesos más integrados, donde tecnología y periodismo desarrollen una estrategia común con objetivos compartidos. Un escenario novedoso requiere también de un nuevo perfil de periodista, en lo tecnológico que no en su profesionalidad y deontología, pues no distinguen entre soportes. No obstante, la FAPE llama la atención de editores y empresarios y les insta a respetar los derechos laborales y profesionales de los periodistas, incluido el reconocimiento económico y moral de sus derechos de autor, que encuentran situaciones de máxima precariedad en la Red.

Por último, la FAPE exhorta la aprobación de una ley de acceso a la información pública, a la altura de una ciudadanía del siglo XXI, que también tenga su reflejo en Internet.

*** La FAPE es la primera organización profesional de periodistas de España con 48 asociaciones federadas y 13  vinculadas, que en conjunto representan a más de 20.000 asociados.

El paro es uno de los mayores problemas de España, creo que todos estaremos de acuerdo. Y no ahora, que estamos en crisis. Viene de lejos y es algo endémico en la economía de nuestro país.

Durante los últimos dos años y medio he tenido una cita mensual obligatoria: El repaso a las cifras del desempleo, la EPA, el paro registrado, las reacciones de los sindicatos y de los distintos partidos políticos.

Casi siempre, malas noticias. Mi obsesión a lo largo de este tiempo ha sido poner cara a estas personas. No olvidarme de ninguna de ellas. He intentado tenerlas en mi memoria cuando trabajaba una información de este tipo.

La Encuesta de Población Activa de este primer trimestre de 2011 eleva a casi cinco millones el número de parados, y deja la tasa de paro en el 21 por ciento.

En unos minutos comienza la campaña electoral. Nos harán muchas promesas, pero desde hoy, yo soy otro problema más para el Estado, para el Gobierno de Cantabria, para los que ven brotes verdes a la crisis. Desde esta mañana, tras quince días de “vacaciones obligatorias”, soy un desempleado más. No tengo trabajo.

Hace poco conté a una amiga que según los datos del Observatorio de la FAPE, 3.600 trabajadores de los medios de comunicación han perdido su empleo desde el inicio de la crisis económica en nuestro país. Si tenemos en cuenta que todos los años salen de las facultades españolas 6.000 nuevos licenciados en Periodismo, es fácil hacerse a la idea de la situación que vive el sector.

Desde hoy, tres profesionales más nos sumamos a las listas del paro despedidos por Radio Altamira. Entre ellos, yo, como os estoy contando.

La dirección de la empresa, debido a su situación financiera, ha decidido prescindir de los Servicios Informativos.

Es “lógico”, si tenemos en cuenta que la de periodista era la tercera profesión peor valorada en España según un estudio del Centro de Investigaciones Sociológicas, del CIS, realizado en el año 2006.

El primer puesto lo ocupaban los políticos, y el segundo, los curas. Y es que ya lo decía Walter Matthau en la película ‘Primera plana’ de Billy Wilder: “Cásese con un enterrador o con un verdugo, con quien sea, menos con un periodista”. Fue en 1976, pero sirve en nuestros días.

Pero estoy en paro, que no parado. Tengo muchas cosas que hacer, mucho que aprender, mucho que leer y que escribir, muchos proyectos por delante, mucha ilusión y mucha vocación.

También tengo la lógica frustación de no poder seguir desarrollando mi trabajo. Un trabajo que me apasiona, con el que disfruto. La frustración del que se siente orgulloso de estos dos años y medio en la radio y que comprueba como luchar por tus derechos te sitúa el primero en la lista de despidos.

Si me necesitáis, ya sabéis cómo encontrarme.