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Buenafuente tuvo ayer la suerte de contar como invitado con Iñaki Gabilondo. Suerte para él y para todos los que pudimos disfrutar de la entrevista. Se notaba que Andreu estaba especialmente ilusionado. De todas formas,  poco análisis se puede hacer del encuentro.

Lo mejor es verlo, sacar la libreta y apuntar, palabra por palabra, todo lo que dijo Iñaki. Una lección de periodismo, un ejemplo de profesionalidad y una demostración de modestia.

Sin palabras. Qué maravilla!

Todos los 28 de diciembre de cada año estamos igual. Pese a que los españoles cada vez celebramos menos el Día de los Inocentes, los periódicos de nuestro país se empeñan en llevar a cabo esa absurda tradición de inventarse noticias –para no hacer excepciones un día al año– y nos tratan de colar bromas innecesarias entre sus páginas.

Ayer no hubo tregua y prácticamente todos los diarios nos enseñaron sus dotes como bromistas, nos dieron a conocer su agudo sentido del humor. Pero creo que esta vez se excedieron, tocaron techo.

En una entrada anterior prometí hacer seguimiento de esos chascarrillos para elaborar un post. Pues bien, en la jornada de ayer, por primera vez en mucho tiempo, no leí ni un solo periódico, no vi la televisión y apenas escuché la radio. Pero tranquilos, que no he perdido la vocación, fue por prescripción médica.

Aún con todo, para no defraudaros, haciendo uso de la hemeroteca y con una pequeña búsqueda en internet, creo que estoy en disposición de reflejar algunas de las bromas (de mal gusto) que se han podido leer en la prensa. Enseguida vais a entender el porqué de mi cabreo.

Empezamos por The Wall Street Journal. Parece que nuestro sentido del humor ha traspasado fronteras y llega incluso hasta el diario económico de Rupert Murdoch. Tal vez por influencia de José María Aznar, y es que no podemos olvidar que nuestro afable ex Presidente actúa como consejero de News Corporation y se distingue por su brillante ingenio.

Vuelvo al tema. The Wall Street Journal abría ayer a toda página con su broma pesada: Entrevista con Otegui bajo el título “Grupo Vasco hace oferta de paz”. Empezamos bien. Al simpático de Arnaldo le llaman durante todo el texto Mr. Otegui, lo que no deja de tener su gracia, lo reconozco.

De ahí, hasta el infinito: “ETA está dispuesta a dejar la violencia”, “ETA está preparada para abandonar las armas”, “ETA está dispuesta a buscar una estrategia pacífica para crear un Estado vasco independiente”…

Tengo ejemplos para un rato, pero si queréis reíros a gusto, mejor leéis la entrevista. Está en inglés pero es muy sencillita. Si la he entendido hasta yo, es que no hay problema.

¿Es o no es de mal gusto la broma de The Wall Street Journal? Bueno, vamos a darles el beneficio de la duda, porque se trata de su primera incursión en el Día de los Inocentes.

Seguimos con el diario EL PAÍS. El periódico del Grupo PRISA es una referencia para muchas cosas y seguro que tuvieron mejor gusto a la hora de elegir su inocentada: “El recibo de la luz sube un 9,8% y el del gas un 3,93% a partir del 1 de enero”.

Anda, que no son enrevesados ni nada estos de PRISA para hacer una simple broma. Pero no me lo trago. No me creo que el Gobierno socialista vaya a subir la luz y el gas. ¿A todos? ¿También a los parados? ¿Y a los pensionistas? ¿Y a los que cobran el salario mínimo? ¡Imposible! El Ejecutivo de Zapatero sería incapaz de hacer eso a los ciudadanos, ¿no creéis?

¡Vaya susto! Menos mal que era una típica inocentada.

Nos quedan unas cuantas bromas más. Por ejemplo, dice Público que los delitos fiscales le salen gratis a Carlos Fabra. Que ocultó al fisco tres millones y medio de euros junto a su mujer, pero que la Audiencia de Castellón considera prescrito el fraude a Hacienda. Insisten en que su partido, el PP, celebra la decisión pese a que el auto no pone en duda la comisión de ilegalidades.

Apuestan fuerte en Público, pero a mi no me la dan. Si por algo se distingue la Justicia en nuestro país es por su rapidez en la resolución de los casos. Además, Mariano Rajoy ha dado sobradas muestras de su firmeza contra los corruptos. ¡Si hasta puso en marcha un Código Ético!

Acabo con el último ejemplo de inocentada. Lo extraigo del periódico El Mundo: “Paolo Vasile cambia CNN+ por Gran Hermano”. La telerrealidad sustituye a la información veinticuatro horas.

Me tiemblan las piernas. ¿A que va a ser cierto? ¿A que todas estas noticias eran ciertas? ¿A que me he hecho un lío y he confundido realidad y ficción? ¿A que no eran inocentadas?

Cada día me interesa menos la televisión. Desde hace algún tiempo, prescindo de ella como medio de información. Las cadenas generalistas han convertido sus respectivos espacios informativos en un “contenedor” de noticias, en el más amplio sentido de la expresión.

Sucesos, anécdotas, imágenes curiosas y mucho impacto. Poco análisis, pocos datos y poca reflexión. Unos informativos de quita y pon, intercambiables entre las cadenas. Porque esa es otra. La línea editoral ha desaparecido prácticamente, solo interesa la línea empresarial, los negocios. Prima la audiencia, la rentabilidad publicitaria.

La llegada de la TDT no ha aportado gran cosa. En España hemos pasado en veinte años de dos canales en abierto a más de treinta sin que se note en la calidad. Casi podríamos decir que se ha notado para mal: Más competencia, menos ingresos, menor inversión, ínfima calidad. Una ecuación que se cumple en el panorama televisivo.

En el ámbito de la información, que es el que me preocupa, la parrilla nos ofrece en estos momentos gran variedad de tertulias incendiarias, medios de ultraderecha y debates partidistas: Intereconomía es la pionera y destaca entre el resto, pero ahí tenemos a Veo TV ocupando su lugar, y, ahora, La 10 (Grupo Vocento)  y La 13 (Conferencia Episcopal).

A todos los problemas que ya existían, se ha unido la crisis. Un sector sobredimensonado como es el de la televisión se ha visto acuciado por las deudas. Las fusiones se han hecho imprescindibles, porque ya sabéis eso de que cuanto más debes, más poderoso eres. Más miedo te tienen. Y el agujero de las cadenas es gordo.

Los acuerdos empresariales que se han producido en los últimos meses han sido sorprendentes. Extraños compañeros de cama, que han pasado de tirarse los trastos a la cabeza a compartir mesa y mantel… Y es que ya se sabe: El negocio es el negocio.

Quizá una de las fusiones más sorprendentes ha sido la de Cuatro y Telecinco. Y es que llamar fusión a lo que sucedido es ser muy generoso. Telecinco ha aplastado a la televisión del Grupo PRISA, la ha fagocitado. Se ha quedado con lo que le interesaba y la ha convertido en una cadena marginal, que irá perdiendo audiencia a borbotones. Si no lo está haciendo ya.

Cuatro nació como una propuesta diferente. Se apostaba por los espacios informativos, por los programas de reportajes. Buscaban la calidad, la excelencia de un producto que tenía una realización magnífica. Para conseguir su objetivo pusieron al frente a un profesional de reconocido prestigio (aunque criticado por muchos) como Iñaki Gabilondo.

Hoy ya no queda nada de todo eso. Algunas buenas series norteamericanas (House, sobre todo) y el vacío. El acuerdo de fusión supuso en su momento un mazazo para todos los profesionales de la cadena. Ahora, que se van concretando los detalles, muchos de ellos ya saben que se quedarán sin trabajo.

Esta semana conocíamos una pésima noticia: CNN+ cierra. No tenemos fecha definitiva, pero todo hace indicar que será a finales de año. Nació en enero de 1999 y era el primer canal de noticias producido por una empresa privada en España.

Ahora, se irá a negro. Bajo el lema Está pasando, lo estás viendo’, CNN+ ha sido el referente de la información 24 horas en España. Aparte del mencionado Gabilondo, Antonio San José, José María Calleja, Silvia Intxaurrundo, David Tejera o Concha Boo son algunas de sus caras más conocidas.

Parece que, de momento, una buena parte de la redacción de CNN+ puede acabar en Atlas, a las órdenes de Juan Pedro Valentín, aunque dentro de unos meses todo el mundo da por hecho que habrá fuertes reestructuraciones de plantilla para adaptar la fusión a los recursos humanos que el nuevo propietario, Telecinco, considere oportunos.

Como decía, una pésima noticia para todos. Sobre todo, si el “estilo” de la cadena de Fuencarral se impone. Desde hace unos meses percibo en la sección de Comunicación de EL PAÍS un interés especial por lavar de imagen de la televisión que dirige el italiano Paolo Vasile. Hoy se ha concretado esa impresión personal en su revista EL PAÍS SEMANAL. Lleva en portada a la principal estrella de Telecinco: Belén Esteban.

Un reportaje de ¡doce páginas! dedicado a la princesa del pueblo, a la que denominan “la heroína de la nueva telerrealidad rosa”. Algunas frases interesantes que extraigo del texto:

Llevo diez años en televisión. Es mi trabajo. No tendré la carrera de periodista ni un master, pero tengo el cariño de la gente.

Se trata de dar espectáculo. La televisión es un show. Donde siempre hay que dar un paso adelante. Si no, pierdes tu empleo. Si no das juego, a la calle. Y llega otro.

¡Nunca hago autocrítica! Ni de coña. Al que no le guste, que cambie de canal.

Impresionante, ¿no? Así ve la televisión una de las personas que más horas ocupa en la programación de las cadenas generalistas españolas. Es un negocio, más madera.

Pero lo bonito llega con las declaraciones que hace su jefe. A Paolo Vasile se le pueden hacer muchas críticas, muchísimas, pero no se le puede llamar cínico:

Que haga compañía es el papel más importante de la televisión. Iremos al infierno (en el cielo no encontraría a nadie conocido), pero lo mejor y lo más humano que hacemos en este negocio es hacer compañía a la gente. Belén lo logra.

En Telecinco te alimentas de estrés. Hay que llegar más lejos. Ser los mejores. Sin estrés me quedo con hambre.

El fenómeno de Belén es como la película de Forrest Gump, que demuestra que las personas corrientes pueden llegar a ser protagonistas de la historia. Ella tiene una demagogia sin maldad. Es una peronista espontánea. No es que tenga grandes conocimientos, pero es inteligente, observa el mundo y lo interpreta.

Pues ya sabemos el futuro que le espera a Cuatro… Yo que tú, apagaría la televisión.