Posts etiquetados ‘España’

Amaiur

Hace poco más de un año que el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero decretó el estado de alarma en nuestro país, después de que los controladores aéreos sembraran el caos en los aeropuertos en pleno puente de la Constitución. Pese a todo, lo que reina en España es el estado de excepción democrática. Los dirigentes políticos interpretan las leyes según su conveniencia, haciendo un uso de la Justicia absolutamente partidista.

Una vez más, estoy hablando del País Vasco. O para ser más exactos: estoy hablando de la decisión arbitraria de la Mesa del Congreso de los Diputados de no permitir que Amaiur tenga un grupo parlamentario propio. Aquí es cuando toca condenar la violencia, exigir a la izquierda abertzale que renuncie a la lucha armada y demás, pero eso lo he dicho demasiadas veces.

Hay muchas razones para que Amaiur tenga grupo propio en el Congreso. Ni siquiera la interpretación estricta del reglamento de la Cámara sirve como excusa, ya que las comparaciones son odiosas y con muchos menos diputados y trucos parecidos otras formaciones políticas han conseguido su objetivo. Desde Esquerra Republicana (ERC) al Partido Nacionalista Vasco (PNV), pasando por Coalición Canaria (CC) o Unión Progreso y Democracia (UPyD).

Pero lo que no entiendo de ninguna forma es la utilidad política de esta decisión del Partido Popular (PP), en la que han participado indirectamente el Partido Socialista (PSOE) y Convergencia i Unió (CiU) con su abstención, con su cobardía y con sus quejas extemporáneas. 

Amaiur puede y debe tener grupo parlamentario. Vivimos un nuevo tiempo político y el que no lo sepa interpretar correctamente va a demostrar que no está a la altura de las circunstancias. Nos hemos hartado de pedir a la izquierda independentista que cumpla las normas y, cuando lo hace, cuando baja a la arena política y participa del juego democrático, le ponemos zancadillas. Y lo hacemos porque no nos gusta su resultado. ¿Es más cómodo que estén fuera del Parlamento? Yo creo que no.

Sin embargo, los grandes partidos han vuelto a demostrar su cortoplacismo. Lo que hacen una vez más es dar argumentos a Amaiur para el victimismo. La izquierda abertzale puede vivir sin grupo parlamentario porque sus bases lo tomarán como una afrenta del Estado. Viven en perpetua movilización sin apenas exigencias. PP y PSOE son expertos en avivar la llama del independentismo. Les convierten en la estrella del baile. 

¿No podemos tratar a Amaiur como a un partido “normal”? Que hagan méritos para llegar a sus votantes, sin campañas gratuitas. Les pretenden demonizar y les convierten en héroes. Que gestionen ayuntamientos y diputaciones, que opinen, decidan y gobiernen. Que hagan política y que los ciudadanos vascos valoren si son aptos para convertirse en sus representantes. Que se acabe la excepción y se les juzgue con el mismo rasero. 

Berlusconi_Dimisión

Italia es un país fantástico. Sus ciudadanos son orgullosos, capaces, elegantes, divertidos, histriónicos y anárquicos. Pasear por Roma produce tal cantidad de sensaciones que se hace necesario sentarse de vez en cuando a mirar lo que pasa por delante de tus ojos. A observar sus edificios, sus plazas, su cultura, su pasado. Tal vez por todo eso, los italianos han adoptado una actitud ante la vida muy de película, que les ha hecho permanecer indiferentes al drama que se cernía sobre las instituciones que deciden su futuro.

Si hay un país en el que la clase política esté desprestigiada, ese es Italia. El populismo y la demagogia de Silvio Berlusconi hizo el resto. Los ecos del Imperio o el esplendor del Renacimiento quedan muy lejos como para vivir de los réditos. Los italianos pensaban que cuando nada funciona, pocas cosas pueden ir peor. Ya no queda nada que celebrar.

Que Il Cavaliere salga de la primera línea de la política es una magnífica noticia. Para Italia y para todo aquel que tenga dos dedos de frente. Lo preocupante, una vez más, es que la dimisión de Berlusconi y el fin de su mandato no ha sido decidido por los ciudadanos. Los escándalos, la corrupción, los jueces, su mal Gobierno o sus salidas de tono constantes no han sido el detonante (o no el único) de lo que hoy pasa en Roma. ‘Don Silvio’ tiene dinero y recursos. Ha superado a lo largo de su trayectoria política y empresarial cientos de dificultades. Hasta esta semana.

Ahora no lo echan los italianos, que han podido (y debido hacerlo) en multitud de ocasiones. Berlusconi dimite por la presión de los ‘mercados’, ese concepto abstracto que ha llegado para quedarse, y del que hablamos con miedo y reverencia, como sujeto principal de nuestras oraciones. La opción que en estos momentos suena con más fuerza para la era post-Berlusconi es la formación de un Gobierno técnico, y el nombre que se baraja para liderar el nuevo Ejecutivo es el del economista Mario Monti.

Los ejemplos de Grecia o Italia nos demuestran que la presión internacional y las decisiones que se toman en el G-20, el Fondo Monetario Internacional o la Comisión Europea son absolutamente más trascendentes que la opinión de los ciudadanos. Nos dirigimos hacia un puñado de gobiernos dirigidos por tecnócratas que no se han enfrentado a las urnas, sino que han sido puestos a dedo para hacerse cargo del desastre económico al que nos enfrentamos.

Empezamos con la idea de “reformular” el capitalismo, (de la que todavía me estoy riendo), y nos encontramos ahora con que las únicas medidas que se pueden tomar son las de recortar derechos adquiridos y apretar aún más el cinturón de los trabajadores. No hay más remedio, nos dicen. Mientras, ni una dimisión ni un cambio de escenario que impida que los desmanes que produjeron la crisis se vuelvan a repetir. Eso sí, que no se nos olvide que el 20 de noviembre todos los españoles debemos acudir a votar. Y ya podemos elegir bien, que si no, ya lo hará el Banco Central Europeo por nosotros.

La voz dormidaLa voz dormida es otra película española que habla de la Guerra Civil. Además, y como pasa siempre, la adaptación cinematográfica es mucho peor que la obra literaria original. Es una cinta oscura, excesivamente lacrimógena, que busca hacer sentir mal al espectador desde el primer minuto. Si vas a verla, lleva pañuelos de papel y prepárate para escuchar a tu alrededor un concierto de suspiros, sollozos y sonar de mocos.

Hasta aquí los tópicos, porque si dejamos a un lado los recursos cinematográficos del director Benito Zambrano podremos establecer las prioridades y reconocer en su justa medida la fuerza de una historia que hace pensar.

La realidad es que la simple presencia de María León en pantalla y su interpretación de la Pepita tierna, ingenua y humilde que escribió Dulce Chacón en su libro merece la pena. Su mirada despierta, su inocencia y su generosidad brillan en un papel que la convierte en una heroína anónima y en una de las grandes sorpresas de la cartelera actual. Sus apariciones permiten tomar aire en una película pensada para que el público no encuentre motivos para la esperanza.

Me quedo con la actriz sevillana y con la potencia del relato. Una palabra que está de moda y que nos sirve para recordar que siempre hay vencedores y vencidos. Algunas de las personas con las que compartí sala peinaban canas y dignidad. Más de uno no pudo reprimir sus insultos hacia los personajes más detestables de la trama. Salieron del cine con los ojos rojos y el corazón encogido. La memoria histórica en pleno centro comercial y la impotencia del que sabe que, en la ficción y en la vida, ganan los malos.

En el final de la legislatura que agoniza son pocas las cosas que nos vienen a la mente si queremos destacar los méritos del actual Gobierno, con una crisis que ha sepultado bajo los escombros del Palacio de La Moncloa al presidente Zapatero y a su legión de ministros. Nos acordamos más, con toda lógica, de las rectificaciones, de las meteduras de pata o de las políticas erráticas que han sido la tónica en la gestión del Ejecutivo durante los últimos años.

La vuelta de las tropas de Irak, los buenos modos de lo que se llamó el talante o ideas interesantes, como la puesta en marcha de la Ley de Dependencia, por ejemplo, parecen poco bagaje para un mandatario que ha dirigido España durante más de siete años. La situación económica, el número de desempleados y el futuro incierto al que se enfrenta nuestro país tapan los proyectos que se intuían y que por miedo o incapacidad no se han desarrollado.

De todas formas, en muy poco tiempo podemos ver desmantelados algunos de los avances más importantes de nuestra democracia. No se nos puede olvidar el camino que ha recorrido durante la última etapa la televisión pública, hasta situarse en niveles cercanos a la excelencia, al menos, en el terreno informativo.

Caras nuevas que han actuado con profesionalidad, rigor, seriedad e imparcialidad y que nos han permitido olvidarnos de la época oscura de manipulación descarada que cualquiera reconoce en el rostro –en el sentido más amplio de la expresión- de Alfredo Urdaci.

Faltan poco menos de dos meses para las elecciones generales del 20-N y los movimientos en torno a Radio Televisión Española (RTVE) son cada vez más preocupantes. Parece que se puede producir una rectificación, pero el simple interés del Consejo de Administración del Ente público de manejar y controlar los métodos de trabajo de los profesionales de la casa nos acercan más a los Telediarios del cronómetro en la mano y la censura previa que a la información libre y sin cortapisas que necesita cualquier estado para profundizar en su democracia.

Este verano he tenido muchas alegrías profesionales y magníficas conversaciones sobre Periodismo con algunos periodistas a los que admiro profundamente. Una de esas personas fue Ana Pastor, la directora y presentadora de ‘Los Desayunos’ de TVE, que ya en aquellas fechas sufría duros ataques por parte de destacados dirigentes del Partido Popular.

Después de un enfrentamiento en pantalla con María Dolores de Cospedal, Pastor me aseguraba que el hecho de que la consideren una entrevistadora “incómoda” indica que se están haciendo las cosas bien en su programa, y recordó insistentemente que cuando se sienta a hacer una entrevista no hay amigos, solo existen los protagonistas. De hecho, apuntó acertadamente que la diferencia fundamental en esta etapa de la televisión pública es que los errores son de los trabajadores y no de ningún partido político.

En este sentido, la presentadora admitió que en otras ocasiones TVE fue una tele “más oficial pero menos pública”, e  insistió en la necesidad de reconocer la labor actual de los trabajadores de la casa. Además, Ana Pastor opinaba en aquellos días que las críticas a la tele pública se basan, única y exclusivamente, en argumentos políticos.

La periodista no se quedó allí y apuntó a los futuros responsables. Si Mariano Rajoy y su equipo llegan al poder en los próximos comicios generales, tienen que defender el modelo actual para que los ciudadanos disfruten de unos telediarios “creíbles”.

Ni más, ni menos, aunque mucho me temo que empezamos a vislumbrar nuestros peores augurios.

 

Este ha sido el momento clave de la semana.Os recomiendo verlo con lápiz y papel.

Trabajar en El Palacio de La Magdalena y estar en cinco días con tres referentes como Iñaki Gabilondo, Ana Pastor y Fran Llorente son beneficios propios de trabajar en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP).

La cosa promete…