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Este ha sido el momento clave de la semana.Os recomiendo verlo con lápiz y papel.

Trabajar en El Palacio de La Magdalena y estar en cinco días con tres referentes como Iñaki Gabilondo, Ana Pastor y Fran Llorente son beneficios propios de trabajar en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP).

La cosa promete…

Escribo sobre la marcha, mientras Andreu Buenafuente habla en su programa con Ana Pastor, protagonista involuntaria de los últimos días.

Y escribo como homenaje. No pude ver en directo la entrevista que la conductora de Los Desayunos le hizo al Presidente de Irán el pasado martes, pero he seguido muy de cerca sus consecuencias y tenía muchísimas ganas de conocer sus impresiones.

Ha empezado por lo obvio, pero fundamental: Los periodistas no son los protagonistas. Ni pañuelo en la cabeza ni nada. Interesan las palabras de Mahmud Ahmadineyad. Simplemente.

A partir de ahí, si ya admiraba a Ana Pastor, desde hoy me declaro fan incondicional de esta magnífica profesional.

La primera pregunta ha sido la que nos hacemos todos: ¿Cómo consiguió la entrevista? Pues todo ha sido relativamente sencillo. Se molestó en solicitarla. “Tenía que intentarlo”, ha dicho. Ella es la primera sorprendida. La casualidad o el buen trabajo a veces se confunden.

Y además, ha sido modesta. No ha parado de agradecer a sus compañeros del programa las facilidades que le han puesto. Una labor de equipo que ha querido reconocer.

Dos personas se desplazaron junto a Ana Pastor hasta Teherán, y se la jugaron igual o más que ella. El territorio era hostil y las dificultades máximas.

Cuenta que antes de entrar en directo, su regidor dijo: “Tres, dos, la policía ha tomado Teherán, uno, ¡dentro!”. A continuación, fue desalojado de la sala. La periodista y sus preguntas frente a frente con uno de los personajes más inaccesibles del planeta.

Como quién más o quién menos habrá visto los momentos estelares de la entrevista, me quedo con un detalle. Dice que el líder iraní la miró siempre a los ojos durante sus respuestas. No siempre pasa, aclara.

Ha situado a Iñaki Gabilondo como su referente, ha hablado del mundo en el que quiere que viva su hijo, y sobre las revueltas árabes ha pronunciado una de las frases más inteligentes que he escuchado en los últimos tiempos: “La libertad, una vez que la hueles cerca, es IMPARABLE”.

Ojalá tenga razón.

Ha comentado que vivimos un momento importante, que estamos inmersos en una tensión informativa singular, pero su deseo es sencillo: “Me gustaría dar alguna buena noticia de vez en cuando”.

Defiende sobre todas las cosas a Radio Televisión Española. Pone como ejemplo la entrevista del pasado martes. Cree en este proyecto de televisión pública. Yo también.

¡¡Grande, Ana!!

Buenafuente tuvo ayer la suerte de contar como invitado con Iñaki Gabilondo. Suerte para él y para todos los que pudimos disfrutar de la entrevista. Se notaba que Andreu estaba especialmente ilusionado. De todas formas,  poco análisis se puede hacer del encuentro.

Lo mejor es verlo, sacar la libreta y apuntar, palabra por palabra, todo lo que dijo Iñaki. Una lección de periodismo, un ejemplo de profesionalidad y una demostración de modestia.

Sin palabras. Qué maravilla!

Cada día me interesa menos la televisión. Desde hace algún tiempo, prescindo de ella como medio de información. Las cadenas generalistas han convertido sus respectivos espacios informativos en un “contenedor” de noticias, en el más amplio sentido de la expresión.

Sucesos, anécdotas, imágenes curiosas y mucho impacto. Poco análisis, pocos datos y poca reflexión. Unos informativos de quita y pon, intercambiables entre las cadenas. Porque esa es otra. La línea editoral ha desaparecido prácticamente, solo interesa la línea empresarial, los negocios. Prima la audiencia, la rentabilidad publicitaria.

La llegada de la TDT no ha aportado gran cosa. En España hemos pasado en veinte años de dos canales en abierto a más de treinta sin que se note en la calidad. Casi podríamos decir que se ha notado para mal: Más competencia, menos ingresos, menor inversión, ínfima calidad. Una ecuación que se cumple en el panorama televisivo.

En el ámbito de la información, que es el que me preocupa, la parrilla nos ofrece en estos momentos gran variedad de tertulias incendiarias, medios de ultraderecha y debates partidistas: Intereconomía es la pionera y destaca entre el resto, pero ahí tenemos a Veo TV ocupando su lugar, y, ahora, La 10 (Grupo Vocento)  y La 13 (Conferencia Episcopal).

A todos los problemas que ya existían, se ha unido la crisis. Un sector sobredimensonado como es el de la televisión se ha visto acuciado por las deudas. Las fusiones se han hecho imprescindibles, porque ya sabéis eso de que cuanto más debes, más poderoso eres. Más miedo te tienen. Y el agujero de las cadenas es gordo.

Los acuerdos empresariales que se han producido en los últimos meses han sido sorprendentes. Extraños compañeros de cama, que han pasado de tirarse los trastos a la cabeza a compartir mesa y mantel… Y es que ya se sabe: El negocio es el negocio.

Quizá una de las fusiones más sorprendentes ha sido la de Cuatro y Telecinco. Y es que llamar fusión a lo que sucedido es ser muy generoso. Telecinco ha aplastado a la televisión del Grupo PRISA, la ha fagocitado. Se ha quedado con lo que le interesaba y la ha convertido en una cadena marginal, que irá perdiendo audiencia a borbotones. Si no lo está haciendo ya.

Cuatro nació como una propuesta diferente. Se apostaba por los espacios informativos, por los programas de reportajes. Buscaban la calidad, la excelencia de un producto que tenía una realización magnífica. Para conseguir su objetivo pusieron al frente a un profesional de reconocido prestigio (aunque criticado por muchos) como Iñaki Gabilondo.

Hoy ya no queda nada de todo eso. Algunas buenas series norteamericanas (House, sobre todo) y el vacío. El acuerdo de fusión supuso en su momento un mazazo para todos los profesionales de la cadena. Ahora, que se van concretando los detalles, muchos de ellos ya saben que se quedarán sin trabajo.

Esta semana conocíamos una pésima noticia: CNN+ cierra. No tenemos fecha definitiva, pero todo hace indicar que será a finales de año. Nació en enero de 1999 y era el primer canal de noticias producido por una empresa privada en España.

Ahora, se irá a negro. Bajo el lema Está pasando, lo estás viendo’, CNN+ ha sido el referente de la información 24 horas en España. Aparte del mencionado Gabilondo, Antonio San José, José María Calleja, Silvia Intxaurrundo, David Tejera o Concha Boo son algunas de sus caras más conocidas.

Parece que, de momento, una buena parte de la redacción de CNN+ puede acabar en Atlas, a las órdenes de Juan Pedro Valentín, aunque dentro de unos meses todo el mundo da por hecho que habrá fuertes reestructuraciones de plantilla para adaptar la fusión a los recursos humanos que el nuevo propietario, Telecinco, considere oportunos.

Como decía, una pésima noticia para todos. Sobre todo, si el “estilo” de la cadena de Fuencarral se impone. Desde hace unos meses percibo en la sección de Comunicación de EL PAÍS un interés especial por lavar de imagen de la televisión que dirige el italiano Paolo Vasile. Hoy se ha concretado esa impresión personal en su revista EL PAÍS SEMANAL. Lleva en portada a la principal estrella de Telecinco: Belén Esteban.

Un reportaje de ¡doce páginas! dedicado a la princesa del pueblo, a la que denominan “la heroína de la nueva telerrealidad rosa”. Algunas frases interesantes que extraigo del texto:

Llevo diez años en televisión. Es mi trabajo. No tendré la carrera de periodista ni un master, pero tengo el cariño de la gente.

Se trata de dar espectáculo. La televisión es un show. Donde siempre hay que dar un paso adelante. Si no, pierdes tu empleo. Si no das juego, a la calle. Y llega otro.

¡Nunca hago autocrítica! Ni de coña. Al que no le guste, que cambie de canal.

Impresionante, ¿no? Así ve la televisión una de las personas que más horas ocupa en la programación de las cadenas generalistas españolas. Es un negocio, más madera.

Pero lo bonito llega con las declaraciones que hace su jefe. A Paolo Vasile se le pueden hacer muchas críticas, muchísimas, pero no se le puede llamar cínico:

Que haga compañía es el papel más importante de la televisión. Iremos al infierno (en el cielo no encontraría a nadie conocido), pero lo mejor y lo más humano que hacemos en este negocio es hacer compañía a la gente. Belén lo logra.

En Telecinco te alimentas de estrés. Hay que llegar más lejos. Ser los mejores. Sin estrés me quedo con hambre.

El fenómeno de Belén es como la película de Forrest Gump, que demuestra que las personas corrientes pueden llegar a ser protagonistas de la historia. Ella tiene una demagogia sin maldad. Es una peronista espontánea. No es que tenga grandes conocimientos, pero es inteligente, observa el mundo y lo interpreta.

Pues ya sabemos el futuro que le espera a Cuatro… Yo que tú, apagaría la televisión.