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Cada vez que visito Asturias pienso en lo urgente que sería trasladarse a vivir allí. Es un pensamiento recurrente, porque voy todos los meses. Estoy enamorado de una tierra que, pese a las dificultades que atraviesa, siempre aporta algo distinto.

Pero entre todos los problemas a los que se enfrenta Asturias en estos momentos tiene uno con una solución muy sencilla. Los asturianos pueden desalojar a Francisco Álvarez Cascos del Gobierno del Principado el próximo domingo 25 de marzo.

Un error lo comete cualquiera, incluso los asturianos, que nunca debieron confiar su futuro a un personaje como Cascos, que representa lo peor de la política española. El exsecretario general del Partido Popular, exvicepresidente y exministro del Gobierno de España, mano derecha de José María Aznar durante muchísimos años, se presenta ahora como representante del cambio, después de 10 meses al frente del Gobierno asturiano.

Cascos ha demostrado que su aventura personal era una quimera. No tiene un proyecto ni pretende tenerlo. No dispone de un equipo solvente. Ni ideas que ejecutar. Con su demagogia, su mala educación y su sectarismo habitual consiguió lo que parecía imposible. En los meses que ha estado al frente del Principado ha intentado destruir todo lo que ha podido, fiel a su estilo. Gobierna a la contra.

Por alguna extraña razón que no logro comprender, un grupo importante de asturianos se dejó seducir por su mensaje populista. Cascos es un ejemplo más de lo que puede pasar cuando el desprestigio de la política es tan grande: cualquier individuo indeseable que toque los resortes adecuados en la ciudadanía se puede convertir en un salvavidas.

Muchos han dicho de él que es un valiente por convocar elecciones anticipadas. Algunos lo consideran un héroe. Yo pienso que es un irresponsable. Dice que aspira a la mayoría absoluta, a gobernar sin ataduras. Descalifica a su antiguo partido con argumentos que muchas veces utilizaron contra él. Defiende que el fin justifica los medios. Su fin y sus medios, por supuesto.

Me apetece mucho que Francisco Álvarez Cascos se convierta el domingo en algo así como Paco el Breve. Confío en los asturianos. No es el momento de hacer experimentos.

Amaiur

Hace poco más de un año que el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero decretó el estado de alarma en nuestro país, después de que los controladores aéreos sembraran el caos en los aeropuertos en pleno puente de la Constitución. Pese a todo, lo que reina en España es el estado de excepción democrática. Los dirigentes políticos interpretan las leyes según su conveniencia, haciendo un uso de la Justicia absolutamente partidista.

Una vez más, estoy hablando del País Vasco. O para ser más exactos: estoy hablando de la decisión arbitraria de la Mesa del Congreso de los Diputados de no permitir que Amaiur tenga un grupo parlamentario propio. Aquí es cuando toca condenar la violencia, exigir a la izquierda abertzale que renuncie a la lucha armada y demás, pero eso lo he dicho demasiadas veces.

Hay muchas razones para que Amaiur tenga grupo propio en el Congreso. Ni siquiera la interpretación estricta del reglamento de la Cámara sirve como excusa, ya que las comparaciones son odiosas y con muchos menos diputados y trucos parecidos otras formaciones políticas han conseguido su objetivo. Desde Esquerra Republicana (ERC) al Partido Nacionalista Vasco (PNV), pasando por Coalición Canaria (CC) o Unión Progreso y Democracia (UPyD).

Pero lo que no entiendo de ninguna forma es la utilidad política de esta decisión del Partido Popular (PP), en la que han participado indirectamente el Partido Socialista (PSOE) y Convergencia i Unió (CiU) con su abstención, con su cobardía y con sus quejas extemporáneas. 

Amaiur puede y debe tener grupo parlamentario. Vivimos un nuevo tiempo político y el que no lo sepa interpretar correctamente va a demostrar que no está a la altura de las circunstancias. Nos hemos hartado de pedir a la izquierda independentista que cumpla las normas y, cuando lo hace, cuando baja a la arena política y participa del juego democrático, le ponemos zancadillas. Y lo hacemos porque no nos gusta su resultado. ¿Es más cómodo que estén fuera del Parlamento? Yo creo que no.

Sin embargo, los grandes partidos han vuelto a demostrar su cortoplacismo. Lo que hacen una vez más es dar argumentos a Amaiur para el victimismo. La izquierda abertzale puede vivir sin grupo parlamentario porque sus bases lo tomarán como una afrenta del Estado. Viven en perpetua movilización sin apenas exigencias. PP y PSOE son expertos en avivar la llama del independentismo. Les convierten en la estrella del baile. 

¿No podemos tratar a Amaiur como a un partido “normal”? Que hagan méritos para llegar a sus votantes, sin campañas gratuitas. Les pretenden demonizar y les convierten en héroes. Que gestionen ayuntamientos y diputaciones, que opinen, decidan y gobiernen. Que hagan política y que los ciudadanos vascos valoren si son aptos para convertirse en sus representantes. Que se acabe la excepción y se les juzgue con el mismo rasero. 

Forges

Forges ya lo dijo.

Tendré hijos, está decidido. Aunque todavía no he pensado en los nombres, se apellidarán, muy probablemente, Díaz García. El apellido de la madre primero, por llevar la contraria.

Es una decisión personal. No lo he hablado con mi novia, pero teniendo en cuenta su gusto por la lógica y su cuidado exquisito con el lenguaje, estoy seguro de que utilizar el orden alfabético para establecer los apellidos de nuestros hijos va a ser una opción que le satisfaga…

Obviamente, estoy bromeando. Hago caricatura de la última CHORRADA, y pido disculpas por manifestarme en estos términos, que se está debatiendo en los medios de comunicación.

Parece que solo en el o,27 por ciento de los casos, los padres optan por poner delante el apellido materno. Decía esta semana la presidenta de la Comunidad de Madrid que si sale adelante la propuesta del Gobierno, en el futuro habrá muchos Aguirres y pocos Zapateros. Muy ocurrente Esperanza.

Seguro que ya conocéis la iniciativa que pretende modificar la Ley de Registro Civil que está vigente en España desde 1957. No entraré en detalles.

Para la oposición, se trata de le enésima cortina de humo del Ejecutivo central para no hablar de problemas realmente importantes. Insisto: OTRA CHORRADA.

Que existan dificultades más relevantes no quiere decir que la Administración no tenga que seguir legislando en todo aquello que le atañe. Habrá que seguir trabajando, digo yo… ¿O nos quedamos parados a la espera de una intervención divina? Ahora que lo pienso: ¡La llegada del Papa a nuestro país puede ayudar!

En fin, que tampoco veo al Partido Popular muy interesado en hablar, en presentar alternativas, en debatir sobre asuntos determinantes para España.

Para qué vamos a hablar del paro, de la reforma del sistema educativo, de la investigación y el desarrollo, de la burbuja inmobiliaria o, que sé yo… ¡de la corrupción!

Mejor hablamos de los apellidos.

Por cierto, ¿para qué sirven? ¿Alguien lo sabe? Pura burocraria, me temo. Al único que le va a servir su apellido en los tiempos que corren es a un tal Felipe. Borbón, para más señas…

Igual todo esto es el primer paso para alcanzar la III República. De ahí el interés de los socialistas, ¡claro! Y eso que no. Creo que me estoy yendo por las ramas e imaginando conspiraciones.

¡País!