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Es una experiencia muy interesante pasar la tarde en una biblioteca pública repasando ejemplares atrasados de cualquiera de los periódicos que se editan en la Comunidad Autónoma. Cualquiera, da igual. Ni siquiera hace falta buscar una fecha concreta o profundizar en un tema específico. El experimento va a funcionar. Cantabria vive en un bucle infinito.

Nos podemos remontar cinco, diez, quince o veinte años en la hemeroteca. Es indiferente. Con un vistazo rápido a la portada, a los titulares principales, a las fotografías que ilustran las noticias podremos comprobar lo poco que hemos cambiado. La actualidad es nuestra tierra es reciclable.

Hay proyectos ‘estrella’, de los que todo el mundo habla un tiempo, hasta que pierden el interés de la opinión pública. Iniciativas que pasan a mejor vida, hasta que alguien las rescata de un cajón. Propuestas grandilocuentes, con las que prometen dar un nuevo aire a Cantabria, y de las que nadie se acuerda a estas alturas.

Se suele decir que el papel lo aguanta todo. El paseo por la hemeroteca es positivo para comprobar cuantas barbaridades tenemos que escuchar, ver y leer al cabo del día, con una paciencia eterna, haciéndonos los despistados y disimulando. Tenemos que fingir que nos dejamos engañar para que la cosa funcione. Para que siga su curso.

O no. También podemos revisar lo que dijeron unos y otros y dar a cada cual la credibilidad que merece. Y es que esa es otra de las características de la actualidad de Cantabria: las caras se repiten. El entramado político, empresarial, judicial, social, cultural o deportivo es el mismo. Por eso es aún más difícil creernos según qué cosas.

Los medios de comunicación ocupan su tiempo y su espacio con ejes estratégicos, planes especiales o proyectos singulares que solo existen en la imaginación de unos pocos y que solo tendrán su espacio en la memoria de un puñado de ciudadanos. Nos han perdido el respeto. La crisis sirve ahora de excusa, pero los cántabros somos reincidentes. Nos hemos acostumbrado a  las promesas incumplidas.

Artículo publicado en Enfocant.

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Ideologías

Publicado: 9 abril, 2012 en Política
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Pasar una lluviosa tarde de sábado en plena Semana Santa en un centro comercial atestado de familias aburridas no parece un plan muy revolucionario. La cosa empeora si lo completamos con una sesión de cine en una sala llena de niños cargados con cubos gigantes de palomitas y litros de Coca-Cola.

Sin embargo, no está todo perdido si la película en cuestión hace reflexionar a un niño de ocho años sobre el peligro del capitalismo salvaje, el consumismo feroz y la destrucción del medio ambiente.

Entre las muchas mentiras que nos cuentan habitualmente tenemos que situar en un lugar destacado del escalafón esa falacia que algunos insisten en difundir sobre el fin de las ideologías. Dicen que lo importante es la recuperación de la economía mientras nos imponen medidas sectarias que venden como la única alternativa. No hay decisiones arbitrarias ni verdades absolutas.

Si una simple película infantil transmite un mensaje y difunde unos valores determinados, qué no hará la publicidad, los medios de comunicación, los sindicatos, la patronal, las confesiones religiosas o los partidos políticos. Transmitimos nuestra ideología a través de las relaciones sociales. El lenguaje es ideología. La neolengua que utilizan para desinformar es ideología. Cualquier decisión, medida, plan, reforma, recorte, ajuste o ahorro es ideología.

Lo demás son excusas. Y si no estás de acuerdo, quizá sea porque has asumido la ideología dominante. Que tengas suerte. Te va a hacer falta.

Amaiur

Hace poco más de un año que el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero decretó el estado de alarma en nuestro país, después de que los controladores aéreos sembraran el caos en los aeropuertos en pleno puente de la Constitución. Pese a todo, lo que reina en España es el estado de excepción democrática. Los dirigentes políticos interpretan las leyes según su conveniencia, haciendo un uso de la Justicia absolutamente partidista.

Una vez más, estoy hablando del País Vasco. O para ser más exactos: estoy hablando de la decisión arbitraria de la Mesa del Congreso de los Diputados de no permitir que Amaiur tenga un grupo parlamentario propio. Aquí es cuando toca condenar la violencia, exigir a la izquierda abertzale que renuncie a la lucha armada y demás, pero eso lo he dicho demasiadas veces.

Hay muchas razones para que Amaiur tenga grupo propio en el Congreso. Ni siquiera la interpretación estricta del reglamento de la Cámara sirve como excusa, ya que las comparaciones son odiosas y con muchos menos diputados y trucos parecidos otras formaciones políticas han conseguido su objetivo. Desde Esquerra Republicana (ERC) al Partido Nacionalista Vasco (PNV), pasando por Coalición Canaria (CC) o Unión Progreso y Democracia (UPyD).

Pero lo que no entiendo de ninguna forma es la utilidad política de esta decisión del Partido Popular (PP), en la que han participado indirectamente el Partido Socialista (PSOE) y Convergencia i Unió (CiU) con su abstención, con su cobardía y con sus quejas extemporáneas. 

Amaiur puede y debe tener grupo parlamentario. Vivimos un nuevo tiempo político y el que no lo sepa interpretar correctamente va a demostrar que no está a la altura de las circunstancias. Nos hemos hartado de pedir a la izquierda independentista que cumpla las normas y, cuando lo hace, cuando baja a la arena política y participa del juego democrático, le ponemos zancadillas. Y lo hacemos porque no nos gusta su resultado. ¿Es más cómodo que estén fuera del Parlamento? Yo creo que no.

Sin embargo, los grandes partidos han vuelto a demostrar su cortoplacismo. Lo que hacen una vez más es dar argumentos a Amaiur para el victimismo. La izquierda abertzale puede vivir sin grupo parlamentario porque sus bases lo tomarán como una afrenta del Estado. Viven en perpetua movilización sin apenas exigencias. PP y PSOE son expertos en avivar la llama del independentismo. Les convierten en la estrella del baile. 

¿No podemos tratar a Amaiur como a un partido “normal”? Que hagan méritos para llegar a sus votantes, sin campañas gratuitas. Les pretenden demonizar y les convierten en héroes. Que gestionen ayuntamientos y diputaciones, que opinen, decidan y gobiernen. Que hagan política y que los ciudadanos vascos valoren si son aptos para convertirse en sus representantes. Que se acabe la excepción y se les juzgue con el mismo rasero. 

Merkel_Papandreu_SarkozyLos griegos están perdidos. Ya no pueden elegir siquiera entre susto o muerte porque las medidas que ha tomado su Gobierno en los últimos meses y los ajustes que deberán acometer para plegarse a las condiciones impuestas por las autoridades económicas y financieras mundiales les han dejado sin aire. Después de un buen puñado de huelgas generales, protestas en las calles y la casi paralización del país, los ciudadanos helenos viven en la mayor de las incertidumbres.

Solemos tirar de metáforas y frases hechas para hablar de la crisis. Una de las más empleadas por los tertulianos y columnistas españoles viene a decir algo así como que los griegos se hicieron trampas jugando al solitario. Se facilitó su entrada en el euro, el maná hace no tanto tiempo, con unas cuentas maquilladas y una deuda no reconocida por el anterior Ejecutivo conservador dirigido por Kostas Karamanlis.

Desde su llegada al poder, Yorgos Papandreu ha tenido que lidiar con una situación ingobernable dentro de su país y con los mandamases del Fondo Monetario Internacional, del G-20 y de la Unión Europea apretando cada vez más fuerte sobre su cuello. Los informativos de todo el planeta abren sus ediciones con cada declaración “sospechosa” del Primer Ministro griego.

Ahora, Papandreu ha tomado la iniciativa y ha dejado en evidencia a los “salvadores” de la economía global. Merkel, Sarkozy, Barroso, Junker o Lagarde, entre otros líderes de poca monta, sufren las consecuencias del órdago griego. Nos dicen que no hay alternativa, que o el rescate o el caos, pero parece evidente que si toda la economía mundial depende de lo que decida un pequeño país en referéndum es que el sistema financiero actual es insostenible.

Papandreu no es inocente. La posibilidad de que se celebre una consulta popular roza la demagogia. Probablemente haya pensado que es mejor dimitir (o que le dimitan) y pasar a la historia como el líder que se enfrentó a los poderosos que no como el político que firmó la sentencia de muerte de la Grecia moderna. De todas formas, su gesto supone un golpe sobre la mesa y quita la careta a las autoridades europeas.

De lo que se está hablando no es del rescate griego, sino de la salvación para los bancos alemanes o franceses, por ejemplo. Es recurrente la necesidad de tranquilizar a los mercados, pero las responsabilidades y la búsqueda de culpables se aplaza constantemente. Nos dirán que no volverá a ocurrir, pero estamos poniendo las bases para años de recortes. Los culpables manejan la situación y nunca tienen suficiente. Tratan a los ciudadanos como verdaderos analfabetos financieros mientras insisten en que la crisis fue un desgraciado accidente.

El poder político ha desaparecido y son los lobbys económicos los que mueven los hilos. Papandreu se inmola, pero con él puede llevarse por delante a muchos. Nos acercamos a los momentos decisivos. Lástima que no se trate de una ficción, porque tiene todos los ingredientes de una buena tragedia griega.

Mariano Rajoy Primero voy a sentenciar y luego me explico: El próximo presidente del Gobierno de España no tiene programa político y no se puede considerar una alternativa fiable para superar la situación económica que vivimos en este momento.

Al menos, esa es la sensación que transmite Mariano Rajoy, que ha hecho del disimulo político su razón de ser, y que responde ofendido cada vez que algún periodista le cuestiona sobre las medidas que tomará si llega al poder tras las elecciones del 20 de noviembre.

El día que cerramos la legislatura en la que todos los españoles aprendimos de economía, el líder del Partido Popular ha desaprovechado una nueva ocasión para lanzar un mensaje de esperanza (o no) y para aparecer en todos los informativos como un Hombre de Estado, así, con mayúsculas.

El PP ha perdido en dos ocasiones con Rajoy como candidato y eso tiene que ser duro, pero alguien debería advertir a los dirigentes conservadores que todavía quedan dos meses para las elecciones y las celebraciones a destiempo enfadan mucho a los ciudadanos. Parece que nuestra opinión no cuenta.

Nadie duda de la victoria “popular”, y lo que se debate en estos momentos es la posibilidad de alcanzar una mayoría absoluta o la magnitud del batacazo del PSOE. Las encuestas y los propios militantes socialistas vaticinan tal desastre que muchos altos cargos del Gobierno actual ya buscan acomodo en la empresa privada. Es un sálvese quien pueda.

Pero esa seguridad en la victoria no debería impedir que Rajoy y sus chicos nos expliquen sus planes. Hasta el momento, sabemos lo que no quieren hacer. Hacen propuestas en negativo, pero con eso no vale. Voy más allá. Cualquier candidato a la Presidencia debería anunciar previamente con quién cuenta para formar su Consejo de Gobierno.

Es arriesgado y tal vez sirva para distraer, pero si Economía, Asuntos Exteriores, Trabajo, Educación o Sanidad, por ejemplo, son ministerios “intocables”, nos sería de utilidad conocer a las personas que se van a responsabilizar de esas carteras para intuir por donde van  los tiros.

La otra opción que nos queda es la de fijarnos en las políticas que están llevando a cabo los dirigentes autonómicos que llegaron al poder o que reeditaron su cargo en los comicios del 22 de mayo. Y la verdad, parece que pintan bastos