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Agotados

Publicado: 15 febrero, 2012 en Política
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Congreso de los DiputadosLa democracia española se ha roto. El Estado de Derecho en nuestro país no funciona. La clase política que nos dirige está agotada, sin rumbo. Necesitamos un nuevo Gobierno, una nueva oposición, incluso, unos nuevos partidos extraparlamentarios. Carecemos de líderes.

Es evidente que necesitamos nuevos jueces, nuevos fiscales y nuevos abogados. La reforma del sistema judicial tiene que ser profunda. También necesitamos nuevas organizaciones sindicales, con nuevos valores y nuevas fórmulas de movilización. La patronal tiene que cambiar. Los empresarios tienen que cambiar. Tienen que modificar su mentalidad, tienen que modernizarse.

No valen las autonomías tal y como las conocemos hasta ahora. Tampoco las diputaciones y los ayuntamientos tienen sentido en la situación actual. Debemos replanteárnoslo todo de nuevo. ¿La transición? No nos vale. ¿La precariedad laboral? Luchemos contra ella. ¿El Estado de Bienestar? Debemos fortalecerlo. ¿La monarquía? No la necesitamos, evidentemente. Podemos prescindir de lo superfluo, pero no tenemos que renunciar a lo imprescindible.

No me creo que no existan soluciones. No es lógico que nos den a elegir entre aguantar lo que nos echen o salir corriendo. No soporto los mensajes derrotistas. Los ciudadanos han perdido la ilusión. Ha cundido el pesimismo, el desánimo, la resignación. Estamos en estado de shock. Se impone el pragmatismo frente a la vocación y la esperanza. Estamos sentados, atónitos e indignados, mientras los oportunistas y trileros campan a sus anchas.

Un ejemplo de esta misma tarde. Una tertulia cualquiera, en una emisora cualquiera, con unos periodistas y unos políticos cualquiera. La conductora del programa plantea una iniciativa novedosa, audaz y transversal, aunque debatible y cuestionable desde distintos puntos de vista.

La idea surge de un partido minoritario y durante unos segundos, los representantes de las principales formaciones políticas que participan en la charla, dudan. No saben qué decir. No tienen opinión al respecto. O peor aún: no saben la posición que su partido político va a defender.

De repente, uno de ellos se tira a la piscina y opina. Su reflexión no pasará a los libros de historia, pero sirve para que inmediatamente su contrincante salte a la trinchera contraria. A partir de ahí, el debate de siempre. El partidismo de siempre. El sectarismo de siempre. Los mensajes previsibles de siempre. La ideología de salón, las declaraciones enlatadas y los comentarios sarcásticos ensayados frente al espejo. La rutina de siempre. ¿Despertamos?

España es un país de forofos, en el que el ruido que se genera sobre un tema de conversación es inversamente proporcional a la importancia del mismo.

Vivimos en un estado en el que los jueces son conservadores o progresistas, los políticos son fachas o rojos, y en el que los ciudadanos o estamos con los sindicatos o apoyamos a la patronal. No hay término medio.

Muchas encuestas nos hacen elegir. ¿Qué somos? ¿Españoles? ¿Catalanes? ¿Vascos? ¿Gallegos? ¿Cántabros? ¿Ni una cosa ni la otra?

Estamos en un país en el que la escala de grises desaparece. Todo es blanco o negro. No podemos cuestionar la Ley de Partidos aunque nos parezca injusta y desproporcionada, porque nos acusarán de cómplices del etarra Troitiño. Y claro, nadie quiere ser amigo de Josu Ternera o de Arnaldo Otegui en estos tiempos.

Simplificamos.

Es difícil ser del Madrid y disfrutar del juego del Barça. Hoy que hay clásico, menos. Los madridistas no podemos pensar que Xavi, Iniesta o Puyol son excepcionales en lo suyo. Tenemos que defender a Cristiano Ronaldo y a Mourinho aunque no nos apetezca.

Nos gusta gritar y llevar la razón. Pocas veces nos paramos a escuchar, y casi nadie cambia de opinión por más argumentos que aportes para ello.

Defender una opción te sitúa en una trinchera insalvable. O estás conmigo, o estás contra mi. Compramos el periódico que encaja ideológicamente con nuestros postulados. Los demás, mienten. Nadie apenas se plantea el sano ejercicio de leer lo contrario a lo que piensa. A veces, lo prometo, algo tan sencillo te aporta puntos de vista distintos.

Vivimos en un estadio de fútbol.

Estamos acostumbrados a buscar culpables, para todo. Rara vez nos acordamos de buscar soluciones, que es lo que necesitamos.

Mucho ruido y pocas nueces, en definitiva.

29 de septiembre, huelga general.

29 de septiembre, huelga general.

Voy a ser breve. El día ha sido muy duro. Es bastante contradictorio, pero para los que trabajamos en un medio de comunicación, la jornada de huelga general ha supuesto más trabajo y una entrega mayor que la de cualquier otro día normal.

Más que servicios mínimos, lo que hoy hemos hecho desde la radio ha sido un despliegue sin precedentes en nuestra empresa. Todo el equipo de profesionales unido con el único objetivo de ser útiles a nuestra audiencia, de ofrecer más y mejor información que el resto, de estar dónde ocurría algo, con la ventaja evidente que tenía el hecho de poder hacerlo mientras el resto hablaba de Madrid, Barcelona o Sevilla, por ejemplo.

Me siento muy satisfecho con el trabajo que hemos realizado hoy, verdaderamente orgulloso de mis compañeros que se han jugado el tipo, que han hablado con todos los que tenían que hablar, que han perseguido piquetes, que han recogido testimonios y han encontrado protagonistas que nos han permitido ofrecer una visión distinta de lo que estaba pasando.

Todo ello, lógicamente, con la improvisación, con los problemas técnicos y con las dificultades que conlleva un directo de casi seis horas. Ha salido bien, muy bien, insisto.

Y me he podido ir a casa agotado, exhausto, casi sin voz, pero realmente con la sensación del deber cumplido. He disfrutado al máximo con mi trabajo, he sentido que servía para algo.

Nos hemos querido alejar de los datos, de las cifras, de las valoraciones partidistas. Contábamos de antemano con la guerra informativa que se produce siempre en estos casos. Las versiones contradictorias que ofrecen sindicatos, patronal y Gobierno. Hemos recogido sus opiniones a través de diversas entrevistas, pero para hacer balance y contar lo que estaba pasando, nadie mejor que mis compañeros, que han sido mis ojos y los de nuestros oyentes a lo largo de la mañana.

Este día, esta experiencia que hemos tenido hoy en la radio, las reacciones a la jornada de paro, el seguimiento mediático que se le ha dado, merecen un análisis más completo. En los próximos días seguiré escribiendo y reflexionando sobre todo ello, pero hoy, antes de irme a dormir con la conciencia tranquila, quería plasmar mis primeras impresiones sobre una huelga atípica. Eso, y felicitar de nuevo a mis compañeros: Gracias por vuestro trabajo.